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GravatarIngeniero-Abogado, interesado en temas de gerencia moderna, coaching, liderazgo, comercio internacional, desarrollo personal, filosofía y religiones Hindúes, orientales.

Carlos Mora Vanegas
El éxito no es tanto hacer lo que se desea como desear lo que se hace
D. Brown
Las empresas exitosas han sabido interpretar cuál debe ser su rol en pro de garantizar competitividad, desarrollo, calidad, gracias a que su gerencia ha sabido comprender el rol, la relevancia que genera el saber motivar al personal de la empresa.
No nos debe sorprender, que es muy común oír decir en las organizaciones: "hay que motivar a nuestro personal para que trabajen más y produzcan mejor". Todos los administradores enfrentan un reto enorme: motivar a los trabajadores para que produzcan los resultados deseados, con eficacia, calidad e innovación, así como con satisfacción y compromiso. Pero, ¿qué hacer para lograrlo? Ese es el compromiso, la tarea eficaz que debe desempeñar un buen líder.
Definitivamente, para mantener tal grado de compromiso y esfuerzo, las organizaciones tienen que valorar adecuadamente la cooperación de sus miembros, estableciendo mecanismos que permitan disponer de una fuerza de trabajo suficientemente motivada para un desempeño eficiente y eficaz, que conduzca al logro de los objetivos y las metas de la organización y al mismo tiempo se logre satisfacer las expectativas y aspiraciones de sus integrantes. Tales premisas conducen automáticamente a enfocar inevitablemente el tema de la motivación como uno de los elementos importantes para generar, mantener, modificar o cambiar las actitudes y comportamientos en la dirección deseada.
Justamente, ante la importancia de comprometerse con mantener a un personal altamente motivado, plenamente identificado con la empresa, Oscar Javier Salinas nos cita, que el gerente debe preocuparse por mantener activo el entusiasmo que presente la persona en su sitio de trabajo y la fortaleza y decisión en sus actos, ya que se tendrá un individuo que generará un valor agregado muy importante y deseado en cualquier compañía.
Nos recuerda Salinas, que consideremos, que en un mundo tan competitivo y tan cambiante como el que palpamos en la actualidad, ya no es sinónimo de éxito el tener las mejores estrategias publicitarias, financieras, etc., ahora lo que más diferencia a una compañía de otra, es la calidad de su gente, especialmente aquella que tiene ideas brillantes, que trabaja con mucho entusiasmo, luchando porque los objetivos de la organización se cumplan en su totalidad y de la manera más eficaz y eficiente.
Muchas empresas que no invierten en políticas de personal, aún siendo muy fuertes, están en peligro de "naufragar" dentro del mercado. Se quedan sólo en estrategias para atraer y retener gente, pero no se esmeran en lo más importante: motivar a sus empleados, darles garantías que en su sitio de trabajo existirá un desarrollo que derivará en beneficios significativos para ellos, la empresa y la sociedad como un todo.
Lo citado es un hecho cierto y se vislumbra claramente la ausencia de ello en muchas empresas del país, especialmente en las pymes, desperdiciándose considerablemente un buen capital humano que se tiene , un talento que de sabérsele motivar, conducir, interpretar sus necesidades y ayudársele a que se satisfagan sus necesidades que originará los resultados más positivos que los actuales.
Debe la gerencia estar más comprometida con el uso eficiente de la motivación a fin de darle paso a la creatividad e innovación, que cada persona de la empresa posee. Saber usar el potencial creativo , la iniciativa, identificarse con la organización, ser productivos, desempeñar eficientemente sus funciones, responsabilidades.
Las empresas deben darle mucha importancia a los factores motivacionales a fin de garantizar productividad, permanencia, del trabajador, tomar por ejemplo muy en cuenta lo comentado por Carlos López, que las compañías creen que con el hecho de pagar salarios a niveles de mercado pueden exigir avances en el desempeño de la organización, sin tener en cuenta que afuera, en el mismo mercado, hay firmas que sí se interesan por el desarrollo de su recurso humano. Aquí descansa uno de los factores principales por los cuales las empresas entran en decadencia.
Otro gran error consiste en creer que la mejor forma para contar con el recurso humano óptimo es el reclutamiento a través de fuentes externas. Las compañías que cometen este error prefieren contratar ejecutivos que han demostrado su talento en otras firmas, sin tener en cuenta si estas operan en un sector similar o se encuentran relacionadas de alguna manera con la propia.
Esta estrategia resulta más costosa que el entrenamiento y desarrollo de la planta propia y lo que es peor, con ella se sacrifican los conceptos de cultura organizacional, sentido de pertenencia y memoria institucional, además, los ejecutivos que son reclutados de esta manera tienden a convertirse en "mercenarios" a los que no les interesa demasiado si en dos años cambian más de dos veces de empresa con tal de ganar más. Asimismo, genera total desmotivación a los empleados propios que observan cómo un personaje externo llega a ocupar el cargo que ellos ambicionan.
Finalmente téngase presente, que la motivación se inicia cuando el individuo toma conciencia de alguna carencia que debe llenar o de algún desequilibrio que desea corregir. Sin esta experiencia psicológica, aún cuando la necesidad objetivamente exista, no hay motivación. Esa necesidad se filtra a través de la cultura, que ofrece una gama de alternativas para satisfacerla, espectro que normalmente varía entre una y otra sociedad. Así, la necesidad se convierte en un deseo específico. Con ese deseo por satisfacer, el individuo localiza en su entorno organizacional o social el o los incentivos que lo colmarán. Si no existiera tal incentivo, el simple deseo no producirá conducta alguna y el proceso motivacional se interrumpiría. Una vez precisado el incentivo u objetivo a alcanzar, la persona selecciona un curso de acción que lo conducirá hasta esa meta. Luego, inicia la conducta dirigida a la conquista del citado incentivo y persiste en ella hasta alcanzarlo. Si lo logra, el individuo satisfará la necesidad que originó el ciclo. Si algún obstáculo impide el logro del objetivo sobreviene la frustración.
MASLOW, A. (1954). Motivation and Personality. New York: Harper & Row.
McCLELLAND, D. (1961). The achieving society. Princenton, NJ: Van Nostrand.
SKINNER, B. (1977). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella
www.camova.com.

MOTIVACION, APRENDIZAJE, LOGROS

carmorva — 21-08-2007 GTM -2 @ 20:33 Tags:

Carlos Mora Vanegas
"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez."
Gabriel García Márquez
Los docentes no puede ignorar la relevancia que la motivación ofrece en pro del aprendizaje, más, cuando se la sabe utilizar con los estímulos capaces de incentivar al estudiante aportar sus creatividad, ideas que ayuden a crecer a generar conocimientos que beneficien el aprendizaje.
La motivación es lo que induce a una persona a realizar alguna acción. En el caso de la enseñanza nos referimos a la estimulación de la voluntad de aprender.
La motivación en el aula no debe de entenderse como "una técnica" o un "método de enseñanza" sino como "un factor" que siempre esta presente en todo proceso de aprendizaje.
La falta de motivación es señalada como una de las causas primeras del deterioro y uno de los problemas más graves del aprendizaje, sobre todo en educación formal. Numerosas investigaciones realizadas han mostrado la importancia de la motivación en el aprendizaje, sin motivación no hay aprendizaje (Huertas, 1997; Pozo, 1999; Míguez, 2001).
Los teóricos del aprendizaje y los profesores están de acuerdo en que los estudiantes motivados aprenden con mayor rapidez, y más eficazmente, que los estudiantes que no están motivados. La motivación debe ser considerada tanto al inicio como durante el desarrollo de los cursos, la falta de consideración de la motivación intrínseca sostenida puede convertirse en un obstáculo para el buen desarrollo de la acción didáctica, es imprescindible motivar a quién quiere aprender.

Pedro Ovalle nos recuerda que se usa la expresión motivación como el elemento clave que impulsa al ser humano a tomar una acción para dirigirse a un determinado lugar o a asumir una posición con respecto a una situación nueva. Ahora bien, este aspecto es decisivo en cualquier actividad que desarrolla el ser humano, razón por la cual es necesario tenerlo en cuenta en el proceso de aprendizaje.
Ovalle hace la pregunta: ¿cómo llegar a permear los niveles de motivación del estudiante? Esto se puede lograr, conociendo muy bien el tema a tratar, enseñando con el ejemplo, respetando al estudiante, proporcionando habilidades para resolver problemas, instrumentando la participación, construyendo mecanismos de evaluación válidos, mostrando entusiasmo en la labor y enseñando a través de preguntas.
De esta manera, por ejemplo, se puede captar que el estudiante se presente más dispuesto y receptivo con la información que se le está compartiendo. Se trata de realizar un diálogo permanente con el dicente. Desde esta perspectiva, los niveles de motivación hacia la escucha, asimilación de conceptos, participación y aporte, son mucho más significativos.
Es necesario además considerar la auto observación y observación sistemática, ya que con ello se puede evidenciar también el lugar que el docente ocupa frente a los estudiantes, evaluar sus actitudes o conductas, en situaciones específicas, así como percibir su nivel de motivación. O bien, se puede aprehender la realidad que nos rodea mediante la observación sistemática. Este tipo de observación es el que pretenden realizar los científicos, para explicar o interpretar la realidad del comportamiento humano. De esta forma, se puede motivar a los estudiantes y permanecer uno motivado, evaluar, determinar la manera de coexistir con el estudiante en ese ambiente de aprendizaje que es el salón de clase y su entorno, permitiendo contribuir al proceso de Enseñanza - Aprendizaje.
Por esta razón, como expresa el biólogo chileno Maturana: es el amor, las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la realización del ser social que vive en la aceptación y respeto por sí mismo, tanto como en la aceptación y respeto por el otro. Así las cosas, la motivación es la piedra angular para definir a donde llegar y mediante la acción lograr los objetivos propuestos en cualquier aspecto de nuestra vida espiritual, física, mental, familiar, social o económica.
No cabe la menor duda, como lo indica distintiva.com. que hoy es labor fundamental del docente el buscar estrategias que motiven al estudiante a estudiar, liberando a éste de la preocupación de tener que aprender. Por ello es fundamental un modelo de enseñanza más creativo, entretenido, interesante e innovador, lo que dará un papel al profesor más “formativo” hacia sus alumnos y menos “informativo” de las materias que imparte.
Se debe tener muy presente lo que Amidon y Hunter (1996) definieron sobre la enseñanza como un proceso de interacción que implica ante todo la conversación en clase que se desarrolla entre el maestro y los alumnos. El logro, según McClellland (1965):
• Ha de enseñar a los participantes el concepto de motivación al logro y su importancia de salir airoso.
• Ha de crear las expectativas positivas fuertes sobre que el alumno puede y logrará una orientación mayor hacia el rendimiento, como debe ser.
• Ha de mostrar que el cambio que se busca esta de acuerdo con las demandas de la realidad, la propia constitución de la persona y los valores culturales.
• Ha de hacer que el alumno se proponga metas realistas, prácticas y específicas a partir de ese nuevo motivo para el logro.
• Ha de hacer que el alumno registre un adelanto hacia las metas que se ha comprometido.
• Ha de proporcionar una atmósfera donde la persona se sienta honestamente aceptada y respetada.
Definitivamente, no puede darse auténtica acción educativa sin el binomio maestro-alumno, precisamente porque al educar se da una relación intrapersonal e interpersonal.
Intrapersonal porque el proceso educativo debe originarse y desarrollarse desde dentro de las personas

Carlos Mora Vanegas
"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender."
Marie Curie
El presente un siglo XXI pleno de cambios y transformaciones está demandando universidades que realmente estén comprometidas con su misión, que capacite, forma a profesionales integrales, capaces de ser los líderes que el país requiere para garantizar desempeños, desarrollo, cambios que beneficien al país y a todos los que en el habitan.
Alguna universidades venezolanas que son mayoría, no se han identificado todavía con lo que representa contar con un profesorado altamente capacitado, académico, investigador, poseedor de los conocimientos modernos, que además los sepa interpretar y transmitir. Siempre se le ha dado oportunidad a profesores sin experiencia , quienes se incorporan producto de los arreglos políticos, compromisos de los grupos de poder, cofradías que imperan en las universidades, dándole preferencia a la amistad, a la familia, otros compromisos, sin importar la formación académica.
Todo ello ha traído como resultado una formación, capacitación de profesionales que deja mucho que decir en pro de la solución a las necesidades, problemas que el país afronta.
A ello se agrega otro factor sumamente determinante en la captación del profesorado que se necesita en la actualidad, como es, la poca motivación del incentivo económico que deja mucho que decir en un país que tiene capacidad económica para garantizar sueldos acordes a la calidad de vida que actualmente se necesita. Los profesionales que podrían ejercer la docencia, son captados por empresas, otras instituciones en donde se les ofrece mejores sueldos.
Es difícil de entender como un país como Venezuela que tiene entradas grandiosas entradas económicas, producto de su riqueza natural, como es el petróleo, el que sus gobiernos, incluyendo el actual , no se identifique por incentivar la educación en todos su niveles, ofreciendo salarios, sueldos justos de acuerdo a la categoría profesional como es el de ser educador, quien es el que garantiza la formación de los profesionales que el país necesita para su desarrollo.
Lo que es más negativo se le posterga su derechos, sus prestaciones ganadas, las cuales no se pagan a su debido tiempo, haciendo que se acumulen y se tenga deuda de muchos millardos, y cuando deciden pagar la moneda ha sufrido devaluaciones y lo que es más criticable, que al hablar de pago en el futuro, los educadores que ya han cumplido con sus derechos no saben si vivirán para disfrutarlo.
Desde luego, aunado al serio problemas de docentes altamente comprometidos en pro de capacitar a los profesionales que se requieren, hay otros factores que también deben ser considerados, como lo cita el Dr. Julio Durand, que la chatura de valores morales que trascienden de la docencia y de la investigación corre pareja a menudo con la dejadez y miseria de las instalaciones materiales. No se pueden achacar todo el déficit moral y material a la falta de presupuesto, sino a la falta de ideas y de esfuerzo por el bien común. ¿Por qué un espacio público no puede movilizar la inteligencia creadora de una cátedra de exitosos profesores, y crear un plan "sustentable" para poder cambiar las bombitas de luz que se queman? O para evitar que unos alumnos terminen de cursar una asignatura más vacíos y pobres de ideas e ideales que cuando comenzaron? Por eso no es raro que los graduados dejen la universidad sin ninguna sensibilidad por lo que es público y de todos. Pienso que esa conducta es la que han visto en sus profesores, que nunca donaron un libro a la biblioteca ni transmitieron todo lo que saben.
Los alumnos, futuros ciudadanos dirigentes, aprenden muy bien de sus profesores que el otro no es un colega ni un socio, sino un potencial enemigo que puede arrebatarle el cargo docente. En esos casos, pasa a ser lícito y práctica aceptada, servirse de cualquier innoble artilugio para impedir el acceso a un cargo docente al que no es del mismo palo. Y entonces ven en pequeña escala la dinámica de la lucha por el poder, que no se busca para servir, sino para servirse de la institución para el proyecto personal. No es raro que, habiendo tenido tantos ‘ejercicios prácticos’, luego esa lucha por el poder para fines personales o corporativos se reproduzca en los demás escenarios de la vida argentina, en las prácticas execrables de gran parte de la clase política, ya sea en el Congreso de la Nación o en un club de barrio.
Los profesores cobran muy poco en dinero aunque a veces no tan poco en prestigio, en acceso a variados privilegios, a viajes, a becas explícitas o implícitas. Parecería aceptado que cuando se cobra poco, se puede faltar a clase y llegar tarde, escamotear esfuerzos personales y conocimientos, abusar de los docentes auxiliares, mentir y plagiar, o enseñar lo mismo que dejó de usarse hace 20 años. También los alumnos comprueban con mirada perpleja que la institución, sostenida con el esfuerzo de muchos, puede cumplir la dudosa función de refugio, austero aunque amistoso, para grupitos de cháchara inocua, de ideologías marginales que no podrían ganarse la vida honradamente en otro sitio.
Es necesario un genuino renacer de la preocupación por el bien común en la universidad, para que luego pueda volcarse al resto de la sociedad. La universidad como organización tiene por delante encarar un cambio muy grande de cultura: abandonar la cultura del egoísmo y la fragmentación, por la cultura de los valores compartidos, del trabajo bien hecho y la vocación de servicio.
Concretamente, es necesario que en las universidades venezolanas se genere un cambio en donde el academicismo sea su principal fuente, apoyado de moral, ética, que se elimine y denuncien los concursos amañados, que garanticen en la contratación de sus profesores, excelencia educativa, que sean verdaderos generadores de nuevas ideas y de transmisión de conocimientos acordes a las realidades que el presente demanda. De no ser así, la universidad venezolana estará generando profesionales con muchas debilidades afectando seriamente el problema que se afronta, como es el de no garantizar una buena educación con el grado de excelencia.

CAMOVA
"Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar."
Calderón de la Barca
Las universidades venezolanas que es nuestro caso deben actualizarse , interpretar con otra visión su participación en los escenarios no solamente nacional, sino internacional, aprovechando las oportunidades que se le dan, utilizando adecuadamente el talento humano con que se cuenta, las aportaciones que la sociedad del conocimiento proporciona, Internet a fin de cumplir con su misión, responsabilidad social por las que fueron creadas, hasta el extremos de romper las fronteras en donde muchas veces se han que dado ancladas. .
Al respecto de ello, consideramos muy apropiado un trabajo que nos lega el ex ministro de educación del Brasil Cristovam Buarque en el Seminario Internacional: "La internacionalización del conocimiento: un desafió para las redes de cooperación regionales" Buenos Aires, Argentina. 29, 30 de junio-1 de julio 2005 en donde señala: La educación superior nació para destruir fronteras. De inicio, las fronteras de los dogmas de las interpretaciones religiosas; más adelante, las fronteras en todas las áreas del conocimiento. En los mil años de su historia, la universidad ha sido responsable por la superación de los límites del saber. Pero en algunos momentos, la universidad tarda en aceptar las rupturas surgidas desde afuera, producidas por grandes pensadores no académicos. En estos momentos, para que pueda seguir destruyendo fronteras, la universidad necesita liberarse ella misma, romper con las fronteras dentro de las cuales actúa.
En este comienzo del siglo XXI, la universidad tiene adelante una encrucijada: o decide romper con sus propias fronteras o no servirá para seguir venciendo nuevas fronteras del conocimiento. Para ajustarse a los requisitos de los tiempos futuros, la universidad necesita romper por lo menos siete fronteras.
1.La frontera social
El mundo global está cortado por una "cortina de oro", que serpentea por el planeta, separando los seres humanos en dos grupos no solamente diversos, pero distintos, como si en el lugar de inequidad, la globalización tuviera implantado un apartheid social, una ghetificación. En este mundo dividido, la universidad se pone de un lado: al lado de los incluidos en la modernidad.
El trabajo académico, producido en cada país y en escala global, se convirtió en instrumento de consolidación de la ghetificación. Si la universidad mantiene esa posición actual, ese alejamiento respecto a la creciente desigualdad entre las personas pobres y ricas del mundo, sus trabajos de investigación en las áreas social, económica y biológica de la universidad servirán solamente para ampliar ese foso, provocando en el medio plazo una ruptura de la especie humana en dos grupos biológicamente diferenciados. La ciencia que deriva de la educación superior inducirá una mutación en beneficio solamente de los ricos, los que tengan acceso a las nuevas técnicas médicas y biológicas; e proveerá también las justificaciones sociales y éticas de esa ruptura en dos categorías de seres humanos. Recordemos que el apartheid surafricano fue concebido no solamente por los economistas y empresarios para dinamizar fuertemente la economía, con la cruel exploración del trabajo de los negros, pero también por los seminarios teológico s, los cuales aportaran las justificaciones para el tratamiento distinguido de esa populación.
La universidad de hoy, en cualquier país, se encuentra situada en un espacio global, un Primer Mundo internacional de los ricos, alejada de la gente excluida por una frontera social. Para construir una civilización con modernidad ética, la universidad debe romper esa frontera, esa "cortina de oro". Necesita incorporar en la formación de sus estudiantes, y en el trabajo de sus profesores, un estricto compromiso ético con el ideal de una humanidad indisoluble. Sus cursos deben orientarse para la preparación de profesionales en áreas de la intervención. social, como la educación y la salud. Sus derechos intelectuales se deben subordinar a los intereses de la lucha contra la pobreza en el mundo. La universidad debe ser un agente fundamental de la “Declaración del Milenio” de las Naciones Unidas.
2. La frontera geográfica
La universidad fue una de las primeras instituciones de carácter global. Desde el período clásico, las academias griegas eran entidades de intenso intercambio en el restricto espacio de aquel tiempo, entre Grecia, Roma y Egipto. Con la feudalización que siguió a la caída del Imperio Romano, la universidad fue la primera entidad de intercambio internacional, a excepción de la Iglesia Católica. Después del siglo XIII, los profesores circularon entre Bolonia, París, Cambridge y Oxford, intercambiando internacionalmente el saber como un bien común. Ese intercambio no ha cesado, pero la realidad del siglo XXI requiere un salto: más que de cooperación, la universidad de las décadas próximas va a necesitar una verdadera interacción.
El intercambio ocurrido hasta ahora fue posible gracias a una locomoción física y dispendiosa de la gente y de libros. Ahora es posible un diálogo instantáneo, global y sin costos, gracias a la teleinformática. En los últimos 20 años, nosotros vivimos una revolución de la técnica, que substituyó el caballo de la Edad Media y el aeroplano de siglo XX por la computadora, el Internet, la telecomunicación. La universidad tiene la posibilidad y la obligación de dar el más grande de sus saltos en términos de cooperación, hasta tornarse internacionalmente interactiva.
Desde ahora, más de contribuir unas con las otras, las universidades del mundo se pueden ensamblar, y formar un único cuerpo internacional que acumula y disemina el saber por todo el planeta. Las universidades necesitan romper las fronteras geográficas que todavía las separan, y disponen de los instrumentos para eso. Todas las universidades, en todos los países, pueden convertirse solamente en una, y garantizar a los estudiantes y profesores una sola convivencia diaria, con cursos mutuamente reconocidos, bibliografías comunes, actualizadas instantáneamente por discusiones frecuentes.
3. La frontera del campus
Para establecer esa conexión global, la universidad va a necesitar destruir los límites de sus propias fronteras, determinadas por las paredes del campus. Si sus cursos e intercambios se pueden internacionalizarse por medios diversos, no existe razón para que cada universidad se aísle dentro de sus límites, con el requisito de la presencia física de sus alumnos y profesores.
La universidad del siglo XXI será no solamente global, pero también abierta. Sus alumnos se podrán distribuirse por todo el mundo, no necesitarán frecuentar físicamente los cursos. La educación a distancia será el mecanismo más usual.
4. La frontera de las disciplinas
La dinámica con la cual el conocimiento en los tiempos actuales se desarrolla no permite que el saber siga organizado en disciplinas tradicionales. El conocimiento avanza añadiendo disciplinas viejas en nuevos campos de conocimiento, al paso que otras se vuelven obsoletas, sobrepasadas por nuevos campos. La universidad no puede seguir como un sistema de disciplinas aisladas, necesita crear espacios de práctica multidisciplinar que permitan el avance del saber en las nuevas áreas del conocimiento.
En el mismo tiempo, la realidad rápidamente cambiante no es cogida integralmente por ninguna de las disciplinas. Los problemas de la realidad exigen que la universidad cree visiones multidisciplinares que le permitan aprehender hechos concretos: energía, hambre, globalización, y cada problema real que exige un abordaje simultáneo de las diversas áreas del conocimiento.
Para abrigar esas disciplinas más recientes, surgidas de la evolución y convivencia de las viejas disciplinas, y también para responder a la necesidad de comprensión de la realidad, la universidad necesita organizarse en núcleos de estudios multidisciplinares. Esos núcleos funcionarán como encrucijada de saberes, puntos de convergencia de expertos para el intercambio del saber.
Para esto, la universidad tendrá de romper con la prisión de las disciplinas, romper con las fronteras que amarran y confinan cada saber.
5. La frontera del diploma
Parte de la historia de la universidad es su rol de formadora de personal, en cursos limitados en el tiempo, durante los cuáles los alumnos, casi siempre jóvenes, adquieren un título y con él el reconocimiento permanente de un saber. Un diploma colgado en la pared era un certificado de capacidad para toda la vida útil del profesional. Esta situación no se justifica si el conocimiento se desarrolla con la dinámica de las décadas más recientes.
En los tiempos actuales, el conocimiento que un alumno recibe en la universidad vuelve obsoleto en período mucho más corto que la duración de su vida profesional. A cada cinco años, el conocimiento, en cualquier área, exige actualización, sin la cuál un profesional no está preparado para ejercer su función con plena capacidad.
En estas circunstancias, la universidad necesita romper con la frontera del diploma y de la formación permanente. Los certificados para el ejercicio de la profesión y la docencia del profesor deben ser provisorios. El concepto de ex-alumno debe desaparecer. La formación debe tornarse permanente. Todos deben ser alumnos por toda la vida.
6. La frontera epistemológica
La universidad nació metafísica y ha cambiado para el cientificismo. El dogmatismo fue sobrepasado por la frialdad. La visión fría con la cual la universidad hoy percibe el mundo necesita transformarse en un pensamiento que va más allá de la lógica científica, que combine la racionalidad con los sentimientos éticos y estéticos y con el aprecio por el encantamiento que es el drama de vivir, transformar y saber. Además de romper con las paredes entre las especialidades que enseña, la universidad debe también romper las paredes que separan lógica y sentimiento, conocimiento científico y propósito utópico. Antes de la bomba atómica, los físicos podían alegar una neutralidad ética, visto que se dedicaban más al saber y poco al transformar. Pero después de la explosión de Los Álamos, afirma Oppenheimer, han perdido la inocencia y el derecho privilegiado a la neutralidad. Hasta finales del siglo XX, los biólogos también tenían derecho a la neutralidad. Actualmente, la bioingeniería y los milagros de la ingeniería genética requieren el regreso de la ética como condimento de la caldera de conocimiento que una universidad debe ser. El mismo se aplica para la economía, esta ingeniería de catástrofes sociales, o para la ingeniería, este instrumento de la destrucción del planeta. Desde la creación de la bomba atómica por los físicos, el saber adquirió un poder de transformación catastrófica en todas las áreas del conocimiento. Perdió el derecho a la neutralidad. La enseñanza de las ciencias, de las tecnologías, de la economía, de la medicina, no debe transmitir al profesional solamente un conocimiento frío de la formación específica, pero también el propósito utópico de eso saber.
El rompimiento de esa frontera es necesario non solo para prevenir que la universidad se transforme en una fábrica de profesionales fríos, dueños de un saber monstruoso, pero también para hacer de ella un centro de formación de seres humanos, con aprecio por la estética, capaces de desfrutar la vida. La universidad necesita formar ingenieros que construyen las máquinas y entienden la fuerza de ellas, pero que también valoran la música, la literatura, las artes en general.
Para esto, más allá de departamentos y de núcleos temáticos, la universidad necesita organizarse en núcleos culturales, que promuevan la práctica de la ética y de la estética entre sus miembros.
7. La frontera del método
Desde el principio, la universidad viene transmitiendo a sus alumnos respuestas ya existentes, o elaboradas por sus profesores, para preguntas predefinidas, en todas las áreas del conocimiento. Este, sin embargo, es el momento de un rompimiento radical de los paradigmas, epistemológicos o ontológicos, del conocimiento y de sus propósitos. Así que no basta a la universidad ser una fábrica de respuestas; también debe ser una fuente de preguntas. El método pedagógico no puede más sostener la dicotomía entre las respuestas, de propiedad de los profesores, y las preguntas aún desconocidas, hechas por los alumnos. Ella necesita comprender el valor de las preguntas formuladas por ambos los lados. Cuando un discípulo hace una buena pregunta, él es el verdadero maestro.

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